jueves, 22 de marzo de 2012

¿Piedra, papel o tijeras?

 A veces Netflix en mi Xbox tarda un poco en cargar.

Algunas veces llega a desesperar de tan lento, pero todo es cuestión de tener o no un internet de velocidad decente, la mayoría de las veces depende de la hora y el ciber tráfico.  Si a eso le agregamos que algunos días hay dos laptops, dos celulares, una pc y un Xbox, todos conectados al mismo modem, pues ni como ayudarme.

Aún así los días que exploro la televisión por cable, siempre termino mentando madres. 
Si estás pagando cable (cualquiera que éste sea) estás tratando de evadir la TV abierta y la gran mayoría de la basura que trae con ella, comerciales sobretodo. Lo feo de esto es que los negocios de algunos, nos echan a perder la tele a otros.

Hubo un tiempo en que creía que los infomerciales era lo peor que te podías encontrar en la TV por cable (Hablando de comerciales. Ya si decides ver Mariavision o Infinito es decisión tuya). Creí perdida la TV por cable cuando vi un comercial del Dr Simi. Pero con los servicios de cable que tenemos en esta ciudad, que pese a ser de las más grandes de la república, refleja su toque de provincia por todos lados, los infomerciales y el Dr. Simi eran la gloria.

Yo no se quién les dijo a estas personas que me pueden interrumpir un comercial de Warner. ¿Ahora resulta que ni eso puedo ver a gusto? Y eso es cuando la persona encargada de interferir los comerciales (si es que hay tal) se pone las pilas e interfiere comercial sobre comercial, porque si se le da la gana interfiere justo cuando tu personaje favorito de tu serie consentida está por desembrollar toda la temporada y estás en la orilla de la silla esperando la siguiente frase y ¡BUM! te avientan esto en la cara.

Pido disculpas por hacerlos ver eso. Pero necesitaba que lo vieran para que entiendan mi berrinche.

Ese es un caso extremo. Pero desde los canales de cable repitiendo temporadas sin avisar (ahora ya algunos lo hacen) hasta las compañías transmisoras de dichos canales interfiriendo sin ton ni son con anuncios mal hechos de películas y partidos de futbol por pago, resulta muy incómodo ver tele. Aún por cable.

De ahí que brinque a ver las series que me gustan en internet. Sé de cierto que no soy la única. La mayoría de mis conocidos lo hacen y mucha gente más también. Todos nos revolcábamos de sólo pensar que la SOPA o similares se hicieran efectivas y todos rezamos por el alma de Megaupload. Y esperamos la reencarnación.

Esto de los comerciales es algo que nos irá persiguiendo a donde vayamos porque entre canales y transmisoras buscarán siempre la forma de hacer negocio con ello. Ya lo estamos viendo en Youtube. Y las páginas donde podemos ver las series en Internet saturadas de publicidad.
A fin de cuentas es como jugar piedra papel o tijeras, con TV abierta, TV por cable o TV por Internet. En algún punto cualquiera puede ganar, pero de igual manera puede perder. 

Como en un mexican standoff convencional.


Mientras tanto, prefiero aguantar unos minutos de silencio a que cargue Cuevana o Netflix y sus clasificaciones inciertas, a tener que aguantar el terror de la invasión de comerciales locales en la TV por cable. Para eso mejor veo cualquier canal de TV abierta.

jueves, 16 de febrero de 2012

Función de las 4


En estos días de consumismo desenfrenado poco a poco el paisaje “natural” es cada vez más similar de una ciudad a otra.

Kfc, Vips, Oxxo, Cinepolis, Starbucks, Wal-Mart,  por todos lados.
Ya no puedes dar como referencia alguno de ellos, para que alguien se oriente, porque en una misma avenida, fácil te puedes encontrar seis u ocho y seguramente encuentras uno en cada centro comercial (que también se parecen entre sí cada vez más).
Sin darnos cuenta, estamos en manos de las grandes cadenas y marcas. Ya “Fight Club” nos lo hizo notar. 
Lamentablemente muchas de ellas satisfacen necesidades comunes, básicas y  encontramos en ellas muchas de las actividades que nos gustan y necesitamos hacer. Café para platicar con los amigos, algo rico para comer, compras apresuradas.
Ello mismo ha hecho que poco a poco nos acostumbremos al trato despersonalizado y masivo.
Tal parece que mientras más grande es la cadena menos importancia le da al consumidor final. No hay que dejarnos distraer, (por mucho que se esfuercen) repetir tu orden amablemente o poner tu nombre en el vaso o darte una tarjeta de invitado especial,  no es trato personalizado. Y dicho sea de paso se nos olvida que no tiene que ser lujoso, de marca y caro, para que sea bueno.
Quizá sea el mero hecho de que al volverse cadenas tan grandes, se engolosinan con la lana y  tratan de abarcar, atraer y satisfacer a la mayor cantidad de público posible. Lamentablemente siempre quedarán mal con alguien.

Me encanta ir al cine, lo disfruto como pocas cosas. Por lo mismo, normalmente no soy fijada para gastar cuando voy. Boletos, 3D, palomitas, refresco mas vaso chido, gorra, nachos, etc. Por cabeza por lo menos gastas 150 a 200 pesos aprox. 

Hoy viví una experiencia profundamente triste, ofensiva y aleccionadora.

Me dirigí felizmente al Cinepolis con mi hermana, con la intención de ver “Hugo”. Contentas y dispuestas a disfrutar de lo que  las críticas prometían, sería una hermosa película. 
Llegando a la taquilla pedimos los boletos y el chavo amablemente nos informa, que estaba cancelada la función.
Tristeza, cruzaba por mi mente, al mismo tiempo que recordaba todos los otros cines y sus funciones y elegía un plan B.
Pero la cosa no acaba ahí, obviamente preguntamos al chavo el porqué se canceló, y responde qué la habían cancelado por proyectar en su lugar un partido de futbol, Milán contra…. No supe, no escuché al chavo ni terminar la frase, cuando ya indignada le había gritado y me había dado media vuelta.

Obviamente ya no era tristeza lo que cruzaba por mi mente, sino rabia y ahora hervía por mis venas.

Muy a mi pesar me quedé con ganas de gritarle más al chavo de la taquilla, cortar su cabeza y prenderle fuego, no sólo a él y a la sala donde era proyectado el futbol, sino al complejo entero. Pero logré controlarme y canalizarlo en lo que minutos después se convertiría en pequeñas ronchas rojas por todo mi cuerpo (si no les he platicado de ellas, eventualmente lo haré).
Pobre chavo. ¿Por qué habría de aguantar él mi gritadera? Yo sé que no es su culpa, ni su decisión. Solamente trabaja para una cadena de cines que ha perdido el respeto hacia sus consumidores como para mantenerse en su línea y únicamente proyectar películas, o  por lo menos avisar que la función seria cancelada por tal o cual, o simplemente como buena cadena chupa-dinero, caen en el error de querer atender a varios amos.

Entre enojada y triste me fui con mi hermana a comer y a aprovechar el tiempo que teníamos juntas. Después ella se fue a trabajar y yo continué el camino de regreso a casa. Cuando recordé que hay un cine de esos viejitos, llamado Cinema Raly, al que ya alguien me había recomendado ir por económico. Que por cierto, siempre que lo mencionaba yo le decía, de manera despectiva, que seguramente estaría pegajoso. Para que mis compatriotas chilangos me comprendan, me recordaba a los cines viejitos del DF que ahora solo ponen porno.
Decidí darle voto de confianza a esta persona y morderme la lengua. Y tomando en cuenta que me quedaba de pasada y que recordé haber visto que esa película tenía función a las 4. Revisé el reloj - 3:56 - Perfecto, estoy a menos de 5 mins. Ahí me bajo. Por lo menos investigaré que onda. Total, si se me pega el tenis en la entrada, me regreso.
Afortunadamente el tenis en ningún momento se pegó al piso y vi la película en 3D con refresco y palomitas por 55 pesitos. En total.

Al final, con todo y la satisfacción de haber visto una gran película (y haber gastado poco), me sentí aún mas ofendida por Cinepolis.
“Hugo” es una película que como bien dijo uno de mis críticos de cabecera, “es homenaje al cine, por el cine”. ¿Y la quitaron por un partido de futbol? Me parece una GRAN falta de RESPETO.

Ya sabía que desde hace tiempo proyectan partidos de futbol “importantes”, lucha libre y americano en salas de cine. Pero no como para ir a ver un partido equis cualquier día.
¿En qué momento Cinepolis se convirtió en Hooters?
Según yo, lugares como Hooters o Chilis es a donde se van a ver los partidos de futbol, sino es que en su casa o por Internet. ¿No?
¿Acaso estoy fuera de sintonía y ya ponen películas en los bares?  Si es así, alguien haga el favor de decírmelo.
Ya de por sí ODIO el futbol, imagínense ahora. No sólo odio el futbol más que nunca, también a Cinepolis. Me siento traicionada.

Ciertamente las instalaciones del Raly no son de lujo ni con brillitos en el piso, pero está modesta, decente y recientemente remodelado. Salí con el mismo sabor que te deja ir a ver una película en la Cineteca, con la experiencia de butacas viejitas y palomitas en bolsa incluida. Estoy segura que a DJ le encantaría, pues  tiene todo el sentimiento de los cines como solían ser.
Además de eso, con todo y el berrinche que pasé, me quedé muy contenta de haberle dejado mi dinero (aunque fuera poco) a alguien que aún tiene respeto y amor por el cine. Hoy en día decidirse a mantener un cine con esos precios y con la competencia de las monstruosas cadenas, no puede ser más que por amor. Para mí, eso es suficiente para ir a dejarle todo mi presupuesto destinado a cine.

No prometo dejar de comer Ke-tiras, ni dejar de comprarle termos a Starbucks,  pero en lo que a mi respecta procuraré no darle mas dinero de mi bolsa a Cinepolis. 
Y miren que me encantan sus nachos.

jueves, 9 de febrero de 2012

Si Kowalski puede, Yo también.

Es función básica de los seres vivos buscar una pareja para reproducirse.

En nuestra triste condición de homo sapiens sapiens, capaces de aprender e inventar, a una simple acción reproductiva,  la complicamos poniéndole sentimientos, convirtiéndolo de una cosa meramente instintiva, a todo un embrollo de encontrar alguien con quien te complementes, te atraigas, te entiendas, te lleves bien, puedas ser tu mismo, puedas tener hijos. En pocas palabras, puedas compartir el resto de tu vida.
En un intento desesperado por simplificarlo alguien decidió llamarle a toda esta mágica combinación  “Amor”.
Quizá para algunas personas “sentimientos” y “amor”  puedan sonar a cualquier cosa, probablemente porqué tengan la virtud de haberlo encontrado y de manejarlos de maravilla. Dichosos ellos.

La mayoría del tiempo estamos en constante bombardeo de información que pretende mantenernos búsqueda permanente. Hay incluso quienes lo hacen ver como si fuera lo más fácil del mundo. Tan sencillo como toparte en la calle con alguien, verlo a los ojos y listo! Enamorados y felices para toda la vida.

Yo no sé porqué hay quien lo pinta fácil, si la mayoría de los hechos nos indica que no es algo que sea fácil de encontrar (como una nevería o unos buenos tacos, probablemente te des algunas vueltas, pero seguro los encuentras en menos de 10 cuadras a la redonda).

Si en verdad fuera así de fácil no habría tanto drama, comedia y tragedia al respecto. 

Para mi es algo que hasta ahora ha sido verdaderamente complicado, frustrante y doloroso. Simplemente, buscar pareja nunca me ha salido bien.

Viendo un poco a mí alrededor, me doy cuenta que la mayoría de los integrantes de mi grupo de amigos, los cercanos, andan en las mismas, y no termino de entender porqué. No somos unos hijos de puta criminales o algo así.

Por el contrario, todos ellos son excelentes personas. No porque asistan a misa, su ortografía sea impecable o porque sean miembros ejemplares de la sociedad.
Son personas que no buscan perfección, sino transparencia y sinceridad (aunque suene a speech político).
Son personas inteligentes, divertidas, sinceras, sin miedo a llamarle a las cosas por su nombre. Personas nobles, con corazones tan grandes como para aceptarnos unos a otros tal como somos, pequeños, grandes, blancos, morenos, equinos, caninos, felinos, gordos, flacos, pelones, greñudos, chatos, narizones, soberbios, ególatras, inocentes, dramáticos cursis, burlones, nerds, existencialistas.
Sin embargo todos solteros.
Hay diversas teorías al respecto. Hay quien dice que mientras más arriba te encuentras en la escala de franqueza e inteligencia, estás más solo y se vuelve más difícil encontrar alguien similar a uno. ¿Entonces qué? ¿Tendríamos que volvernos idiotas y mentirosos para encontrar pareja? No lo creo.

Creo que a la humanidad (y a nosotros) le hubiera caído bien continuar con la modalidad de los matrimonios por conveniencia. Digo, a fin de cuentas la idea principal es reproducirse y no dejar qué la especie se extinga. Que después de pensarlo un poco, no es tan mala idea. Al mundo le hace falta un reset. Pero eso es otro tema.

Todos hemos hecho intento tras intento de encontrar pareja y no ganamos más que rasguños, decepciones y heridas que dejan cicatrices, traumas. Nos marcan para siempre.

Es como después de que has vivido unos años en un lugar donde hay alacranes. Nunca vuelves a caminar descalzo sin ver lo qué hay en el piso.

Cada que amamos a alguien como pareja y después por X o Y nos separamos. Nos tenemos que dar a la tarea de olvidarlo en ese contexto y seguir adelante.Cada vez que lo hacemos se seca un pedazo de nosotros.

¿Porqué dejar que extraños que pretenden cariño nos lastimen?
 Me niego, me niego, me niego.

¿Porqué no mejor entregarle nuestro corazón y lo mejor de nosotros a gente que ya lo aprecia y que sabe el valor que tiene?


Se me ocurre que hagamos una votación para aparearnos entre nosotros, con fines reproductivos o recreativos según las necesidades.
A fin de cuentas entre casi cualquiera de nosotros hay mejores relaciones que las que hemos tenido. Y si no lo son,  con un poco más de tiempo lo serán.
Resolveríamos muchos de nuestros problemas de éste tipo y tenemos la garantía de buena compañía. Nos conocemos mejor de lo que algunas (si no la mayoría) de nuestras parejas nos han llegado a conocer. Así nos dejamos de andar buscando pendejadas y de tener corazones rotos de gratis.

Entre amigos podemos ser tal como somos, sin ocultar nada por miedo a ser juzgados o tratar de quedar bien. No nos juzgamos por nuestro pasado, al contrario nos divertimos con ello. No nos criticamos por ser gordos, altos, chaparros, flacos o bigotones. Lo aceptamos como características de la persona, como su nobleza, su creatividad, su lengua suelta o sus canas. Un amigo no te cambia por otra persona, no te engaña, no se avergüenza de ti, no le importa tu edad, no se embaraza de otro, no te usa, no te exige, no te esconde, no te pide qué cambies, no te compara. Te conoce lo bonito, lo malo y lo peor. No huye cuando las cosas se complican. Te consuela cuando lloras, te abraza, incluso si no entiende lo que te pasa. Te respeta aún cuando te ha visto en tus peores tormentas y momentos. Confía en tí y en tus decisiones. Puedes liberar tus pensamientos más obscuros y reír juntos de ellos.  Puedes ser el gracioso, la horrible, el nerd, la deprimida, el inteligente y la complicada. Te sigue queriendo así y mejor aún, sigue estando ahí.
Además del sexo ¿No es eso lo qué buscamos en una pareja?
Piénsenlo, siempre por más honestos y sinceros seamos, terminamos lastimados.

La idea es que tendríamos  prácticamente todo lo que necesitamos y así podríamos seguir disfrutando de las buenas compañías que ya tenemos y conocemos. Mientras, satisfacemos las otras necesidades que surgen a falta de una pareja. Apapachos y plan de envejecimiento incluidos, sin regalar lo mejor de nosotros a personas que al final del día no estarán ahí.

Perdónenme. Pero hoy día, estas amistades son reales y van mucho más allá qué aquella utopía llamada amor.

Así qué, cansada y fastidiada de la desgastante y lastimera búsqueda de la pareja perfecta  -con o sin apareamiento- oficialmente publico mi postura:
A la chingada el puto amor, yo me quedo con mis amistades.

sábado, 28 de enero de 2012

Mientras tanto en Monterrey…

Cerca de cuatro o cinco años atrás cuando vivía en el Distrito Federal,  solía poner el noticiero matutino en la TV.
Después de ver a Loret de Mola dando como noticia principal durante una semana tal o cual drama. Después de ver como TV azteca trataba de imitarlo y los noticieros de CNN hacían nota de ello. Después de ver a Esteban Arce como líder de un noticiero. Después de ver una noticia el lunes en la mañana y ver la misma noticia martes, miércoles y jueves. Después de recorrer noticieros en tele, radio y periódico.Y después de mucho alegar y renegar y salir de mal humor todas las mañanas; decidí de no ver, leer, ni escuchar noticias.

Aún así no me permití aislarme por completo. Decidí que me limitaría a leer los encabezados de noticias que aparecían en mi igoogle. Si había algo verdaderamente importante de qué enterarse, seguro estaría ahí.

Desde mi punto de vista la mayoría de los medios y sus reporteros son amarillistas, sensacionalistas, refriteros, oportunistas y dramáticos sin sentido.

Incluso hay días en que no leo ni las noticias de Google pero, el día que las leo invariablemente hay una noticia cómica, por decirlo de algún modo.
Que si Chavez ya dijo esto. Que el si el zombie de Castro aún anda rondando por ahí. Que si AMLO allá. Que si FCH  ya felicitó a la selección. Que si Ninel ya dijo aquello,  etc.

La gente de Monterrey es gente con muchas tradiciones muy arraigadas y no lo voy a negar: a veces difíciles de encontrar, entender y aguantar. La mayoría de ellas involucran comida. Carne asada, carne seca, cabrito, tacos de harina, tamales.
Ya comenté que crecí aquí y con el paso de los años sólo había una de tantas tradiciones con las que crecí que permanecía sin importar la ciudad en la que estuviera. Era la añoranza de los tamales verdes estilo regio. Los tamales (como saben) son comida típica en muchos lugares de la república. Incluso Maseca ya se dio la tarea de hacer harinas regionalizadas para tamales del norte, del centro y del sur (no tengo foto, pero les juro que vi los paquetes de harina). Con esta fortuna tamalera a mi favor siempre estuve en busca del sabor de aquellos tamales  regios verdes; de tal forma qué puesto de tamales al qué fuera, pedía tamal verde.

Es bien sabido que la situación aquí en Monterrey está bastante densa, granadas, balaceras, destazados, colgados y soldados a todas horas y por todos lados. Si no me equivoco el general de la gente piensa que sólo es aquí pues los “medios” lo han hecho ver así. Yo no digo que no pero,  ¿Ya se nos olvidó? Que hace pocos años lanzaron una granada el 16 de sept. en Morelia. Que la tierra caliente de Michoacán y Guerrero está regida por narcos. Que ahí mismo encontraban paquetes de brazos y piernas en las cajuelas de los camiones. Que hay bahías enteras en Nayarit y a lo largo del Pacífico, que pertenecen al Chapo. Que en Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Guanajuato, Tamaulipas, Chihuahua, Sinaloa, Coahuila, Zacatecas, Chiapas, Veracruz y D.F. hay descuartizados, balaceras, descabezados y muertitos diario. Dense una vuelta a algún periódico local y verán que no miento.

Sí, la zona norte es actualmente el centro de atención en el tema, pues el desmadre fuerte había estado del centro de la república hacia abajo. Quizá por eso que los medios lo hagan ver como si fuera el único lugar donde sucede. Porque hasta hace poco eran ciudades tranquilas, donde podías regresar a tu casa caminando de madrugada . Donde podías ir a vagar por los riachuelos y baldíos cercanos, cámara en mano para ser agandallado por tus amigos. 

Y los encabezados de los noticieros eran niños pegándose la mano a la cama para no ir a la escuela,  congestionamientos y choques. Con sus respectivos videos para ver que tan borrachos estaban. No nos olvidemos de la aclamadísima. Dulce Sarahí Villareal

Sí, los “malitos” (como los llaman aquí)  se destaparon un poco mas de lo convencional, porque tanto la policía como la ciudadanía se encontraban dormidas, acostumbrados a que sus eventos importantes eran los eventos de futbol o la visita de algún mandatario choncho.
La policía y todos los demás “vatos” que dormían fueron  literalmente despertados a balazos. Y como los agarraron prendiendo carbón y con el six de tecates en la mano, pues pidieron apoyo al ejército.

Hace un año me tocó escuchar balaceras cerca de la casa. Clarito se escuchaba como disparaban mientras avanzaban, en auto supongo y las sirenas de la policía atrás de ellos. Mi hermana llegó a escuchar como tronaban granadas a lo lejos, mientras ella pensaba que eran cuetes.
El punto es: sí las cosas están cabronas, en todos lados.

Pero necesitan ver esto:



Si ya la gente de aquí, qué es el “ojo del huracán”, está preocupada por el tamal más grande. Imagino que podemos estar tranquilos. ¿no?
Y yo tengo una quest:
Buscar un tamal que sepa al tamal que recuerdo de aquí. Y no el tamal con sabor a comino que he encontrado en todo tamal regio que he probado.

martes, 16 de agosto de 2011

Intensidad modulada

Hay algo que tiene años dándome vueltas en la cabeza pero últimamente más. Y  Llevo  ya algunas semanas analizándolo,  pero no le había encontrado la coherencia y razón de porqué.
Es común, para mi, estar  rodeada de gente mas joven que yo (7,10, 12 años), mis hermanos, mis primos y ahora mis compañeros de trabajo.  

Quizá sea por lo poco expresiva que soy,  pero desde que estas personas más jóvenes que yo empezaron a crecer,  detecté (y sigo detectando) cierta intensidad emocional; excesiva para mi gusto.

Pensé (inocentemente) en aquel entonces, qué conforme crecieran se les iría quitando, pero ahora que sigo conviviendo con ellos y  otras personas de edades parecidas (19, 21, 23), me doy cuenta que lo intensos no era por inmadurez.

Es peor;  es una  cuestión  de generación.

Y sucede que hace días escuché cómo alguien dijo la palabra “lo amo” más de 5 veces en menos de 15 minutos.  Fenómeno detectado con anterioridad en algunos individuos de esta edad (extraños y conocidos).

Dándole vueltas y vueltas hubo otra palabra que se me ocurrió para este asunto: devaluación.


Y no precisamente de este tipo.

Aunque ya Jaime dijo que las palabras no se devalúan, simplemente se escupen sin pensar. Tiene parte de razón. Pero creo que, precisamente, el escupirlas sin ton ni son, es lo que las devalúa.
De todas formas me intriga esa necesidad de expresarse tan fuertemente por cualquier cosa, ya sea: una televisora, el peinado de alguien, una marca de ropa, el trasero de alguien, una cadena de restaurantes o unos zapatos. (Que dicho sea de paso devalúan a las pobrecitas teiboleras, pues con la moda de zapatos de  ahora,  ya no es posible distinguirlas en la  calle)

Poniendo un poco de atención se da uno cuenta, que  utilizan “amo”  como sustituto de “me gusta” y sucede de la misma manera para “odio” y “no me gusta” y no se si sea como consecuencia o también como sustituto en el glosario que aún no termino de descifrar. Tristemente, también lo aplican con “amigo” y “conocido”.

Todo ello me dejó pensando  en que la palabra “amo” entre las personas de mi edad es poco utilizada y algunos preferimos mencionarla como la mítica “the L Word”. O  como cualquier persona coherente, usar  alguna otra de mejor proporción a la situación.

Va  a sonar un poco más mamón de lo regular, pero desde mi punto de vista: No porque me la haya pasado excelente contigo en el antro, eres mi amigo. No porque te conozca de hace tiempo eres mi amigo,  quizá en algún punto lo fuiste, pero ahora solo eres un co-no-ci-do. Hasta ahora pocas personas permanecen como mis amigos después de 8, 5 o 3 año de no vernos.
Tengo cerca de 100 contactos en Facebook (aunque después de esto probablemente disminuyan jeje),  sin embargo puedo contar mis amigos con una sola mano.
O un clásico de clásicos, no sólo porque  ya no salimos o ya no seamos novios, te conviertes en mi amigo.
No.
Te conviertes en el chavo con el que solía salir. 

No es que esto se me haya ocurrido hoy, hace mucho que no salgo con alguien en esos términos. Me acordé que solía tener esta discusión con una amiga,  tiempo atrás, que terminó su relación con alguien.
Decía “es mi amigo”. Y no hacían más que lastimarse.  Desde mi punto de vista no eran amigos,  eran dos personas que se amaron y terminaron su relación y no querían dejarse ir. Amarrándose del ficticio “si no somos novios, automáticamente nos convertimos en amigos”.

Antes de que me empiecen a decir de cosas. Si, si,  ya se que si se puede. Yo se que si se puede ser amigo de alguien con quien tuviste una relación. Pero no  inmediatamente después de haber terminado, ni uno, ni dos, ni tres meses después. Quizá antes o después. La amistad regresa cuando el amor (de pareja) cede su lugar (o se lo regresa) al de amigos.
Porque aunque el amor de amigos cabe en el de pareja,  el de pareja no cabe en el de amigos.
Bueno, la cosa es… graciosa, porque la misma Pony fué quien me ayudó, (sin  querer) a darme cuenta  que esto es un puzzle estilo lego (nada que ver con su tamaño, ella es de otra franquicia).  Y que no lo tengo que resolver o entender por completo y a profundidad. Simplemente lo tengo que acomodar de manera que me funcione y me deje brincar a lo siguiente.

Entonces quizá, no sean tan intensos, ni nada se ha devaluado (excepto la moneda) y solo es mi amargura haciendo efecto con el paso de los años.

Aquí es cuando las personas  que son mayores que yo, probablemente se ríen de esto mientras me ruedan los ojos.

En una mirada rápida a la generación delante de mí, me puedo dar cuenta que en mí generación está devaluado el matrimonio y  el sexo. Que antes eran matrimonios para toda la vida ahora la mayoría son express o forzados. Hasta donde sé, la generación de ellas dice que el sexo era conocido como “hacer el amor” y nosotros lo devaluamos a cosas como: “se acostó con”,  “se anda tirando a” o simplemente “coger”.

Aún así, nunca va a ser lo mismo un  “te amo” de una persona que dice “Te amo” 10 veces al año, que un “te amo” de una persona que lo dice…87600 veces al año.
¿Me explico?
En pocas palabras: (ahora si voy a sonar vieja)
Mis Amigos, mis Te Odios  son a la antigüita y se encuentran con letras azules de Rare Item.

Y mis Te Amos en letras moradas de Epic Item.


viernes, 15 de julio de 2011

Rehab, I say no, no, no!

Amo los atardeceres magenta entre montañas de esta ciudad. Me gustan los colores de las paredes de mi cuarto. Me gusta que los camiones de aquí tengan clima y no pongan música. Pero extraño profundamente los días fríos y las calles del D.F. cubiertas de granizo en pleno Junio. Extraño mi ventana y, aún acostada, buscar figuras en las nubes. Extraño mi Metro y el olor a palanqueta quemada al frenar. Extraño ponerme mi sweter favorito, cualquier mes del año.  Me entristece tener que prender el ventilador todas las noches para mitigar el calor. Lloro, cuando una gota de sudor me recorre el cuello. Me quisiera dormir con Fender en el piso al sentir mi cama caliente.

Sí, todo eso son pendejadas. Y todo es tolerable. Incluso las distintas etapas, mañas, obsesiones y genios de mis 3 nuevos roomies.

A poco más de 8 meses de haber dejado el D.F. me sigue doliendo como el primer día en que la idea cruzó por mi cabeza. Y dudo que eso cambie pronto.

Porque: no son los 42 o 20 grados centígrados. No son los 10 o 3 pesos de camión. No son las paredes o ventanas. No son los 500 o 2200 msnm.

Esa es la parte sencilla.

La parte pesada, dura y profundamente desafiante, es sobrellevar el silencio.

Tengo algunas semanas tratando de pasarme un nudo que tengo en la garganta, que como es costumbre, había tratado de evadir. Y en ese evadir bloqueé las conexiones cabeza-corazón-cuerpo,  de ahí el silenció que éste blog había mantenido hasta ahora.

Hace unos días recibí un mensaje de Ricardo al celular que, sin saber que estábamos (todas las Evas) en etapa evasiva, reconectó todo. Casi casi  como recap al estilo de Shyamalan. Entonces supe qué fue lo que me había puesto así.

La nostalgia y añoranza de una tarde de desfile gay. Y del sabor a hogar de un venti-chai-soya. Por muy trendy que pueda sonar.  

Explico:
Uno de los escenarios más comunes mientras viví en el D.F. fue:
DJ, Ricardo y yo, sentados alrededor de una mesa de algún café (realmente cualquier lugar o momento). Particularmente en la calle de Gante 5 o 6 horas. Nuestras mentes libremente desnudas, resolviendo el mundo a nuestro modo; como siempre, platicando de nada. Tomando una taza de café (o varias), o lo que cada quien entendiera por “taza de café”.  Espantando vecinos de mesa, una y otra vez.
(Permanece aún como misterio -ajá!- si los vecinos de mesa, se iban porque escuchaban lo que platicábamos o porque desde un inicio, no estaban dispuestos a pasar tanto tiempo ahí.)

Sin embargo, sin planearlo así, un año tras otro, por distintas razones estuvimos ahí el día del desfile del orgullo gay.  Rodeados de gays en todas sus versiones, aversiones y distorsiones, desfilando hacia el Zócalo. Y de regreso.
Con la sorpresa de que por muy openmind que pueda ser ese tipo de público, también ellos terminaban mudándose de mesa.

Eventualmente por tradición, no con ellos, sino con nosotros, estábamos ahí el día del desfile. Con el reto de espantar a los vecinos de mesa, una y otra vez.

Ahora que he estado lejos me doy cuenta de que  resulta estúpidamente difícil  encontrar a alguien con quién puedas decir las cosas tal y como pasan en tu mente. Sin tener que explicar porqué pasan así y porqué ese tipo de cosas.

La soledad de pareja es algo con lo que ya aprendí a vivir.

Éste tipo de soledad,  la de exceso de silencio, la de tener que cuidar lo que digo y con quién lo digo, de no poder dejar salir las ideas tal como las pienso, de tener que mantener la mente amarrada y vestida, no la había probado, ni siquiera cuando recién me mude al D.F. 

Probablemente sea que ahora sí me da flojera el borrón y cuenta nueva. Flojera de tener que leerle el libro a alguien. O de explicarle la ecuación y porqué llegó a ese resultado.
Lo siento, no tengo espíritu de maestra… quizá sólo la pinta de maestra regañona, pero no más.

Entre tantos millones de personas me encontré varias, que hablaban el mismo idioma que yo. Con ellos no había que llegar y decirle: “Hola me llamo Eva” mientras le entregaba manual y diccionario. No.  Simplemente hablé y nos entendimos.

Obviamente llevó tiempo encontrarlos, pero parece que hubieran estado conmigo toda mi vida.

Uno fue capaz de verme correr en círculos, en calzones, aterrorizada por un temblor y no me perdió el respeto.
Otro que me perdonó ser estúpida y romperle el corazón, fue el mejor amigo y me llevó al que hasta ahora, es uno de los mejores conciertos en mi vida. A quien por cierto no puedo presumirle mis tenis y sé que le gustarían mucho.
Otra a la que entre pláticas le compartí mi faceta de horrible persona y en lugar de alejarse, me escuchó para aprender de ello.

Probablemente sea como adicción a poder ser completos y transparentes, sin esconder nada. A estar rodeada de personas que te saben leer.

Y no es que ya no tenga contacto con ellos, sólo que no es lo mismo hablarle a una diadema o teléfono, que verlos a los ojos, (mientras los ruedan) después de hacerles una travesura o mientras todos nos reímos por los 10 vasos que alguno dejó a medio tomar en la borrachera del día anterior.

He de aclarar que mi cordura (si acaso hay tal)  no se mantendría, de no ser porque vivo acompañada de una de las mejores amigas, que además es mi hermana. Sin ella, sin su escuchar, sin sus abrazos, sin su risa, sin su entender, me habría regresado al D.F. a las dos semanas de haber llegado a Monterrey.

Cuando estaba apunto de abandonar la misión y decidir apechugar y también aceptar este tipo de soledad. Vi una luz en el túnel. Y ahora se que aquí también hay gente como yo. Ya me encontré con uno. Quizá solo haya que ser más paciente y buscar mejor.

Pero de algo pueden estar seguros: voy a encontrar a los adictos de esta ciudad.
Y no me rehabilitaré de la adicción de ser sin ocultar.